Diego no murió

 Diego no murió

Los medios se equivocan. Pelusa siempre estará con nosotros. En cada campito de fútbol o en cada imponente estadio, Maradona dirá presente.

Por: JUAN JOSE URCHEVICH

Regó de gloria este suelo. No tan sólo por lo que hizo con la pelota en los pies. Sino por lo que representaba. Era el sueño de los humildes. El que se les paró a los poderosos. Al Norte rico de Italia, a la corrupción de la FIFA  y de la AFA, a los representantes que explotaban a los futbolistas.Maradona vivió una vida de película y a mil por hora. Desde aquella frase cuando apenas era un niño, cuando soñaba con jugar un mundial y ganarlo, estuvo siempre en un reality. Se le podrá criticar muchas cosas, pero nunca el amor por su patria y por los desposeídos. Diego gambeteaba a rivales y a su propio destino, ya que nació en la extrema pobreza, con ínfimas posibilidades de trascender como lo hizo. En Argentinos Juniors dio el puntapié inicial de una carrera magnífica. A mediados de los 70, sólo un puñado de hinchas, los del Bichito Colorado, asistían al nacimiento del más grande futbolista de la historia. Una carrera también rodeada por la épica. ¡Cuántos goles como el segundo a los ingleses se vieron alrededor del mundo! Pero hay que hacerlo en los cuartos de final, en un mundial y contra el país con el cual estuvimos en guerra 4 años antes. Las alegrías que Maradona le ofrendó al pueblo argentino no lo logró ningún nacido en este suelo patrio. Ningún político, ni artista ni mucho menos otro deportista. Los que lo conocieron de cerca hablan de un tipo generoso, siempre dispuesto a ayudar a sus compañeros, el líder natural que a pesar de ser el mejor del mundo era el que más se entrenaba. En Italia fue mucho más que un jugador de fútbol. Fue un Dios Napolitano, a la altura de un San Genaro, que les decía a los pobres del Sur que nunca le habían ganado a los ricos del Norte que se podía. Y con Maradona pudieron. Y les ganaron y obtuvieron la dignidad que les arrebataron los pudientes. Incomparable, dentro del campo de juego, sus rivales no encontraban palabras de elogios que se ajusten ante tamaño talento. En una jugada demostraba que era el mejor de todos. Hizo goles imposibles, con una inventiva que sólo puede suceder por el pensamiento de un genio. Con él festejamos, gritamos goles, nos enojamos, sufrimos y lloramos. Ahora nos queda el recuerdo de que fuimos felices gracias a su zurda inmortal. De esperar los partidos del 86 en familia, gritar los goles e ir a las plazas a festejar sus triunfos. Porque Maradona fue mucho más que un jugador de fútbol. Fue un suceso, una revolución, un líder, un pecador y por sobre todas las cosas fue uno de nosotros. El rebelde del fútbol que inspiró a generaciones de humildes que vieron en él que se podía. Sus detractores, jamás le perdonaron ser un cabecita negra con plata que señalaba a los de cuna de oro que tenían sus mismas miserias pero gozaban de buena reputación. Regó de gloria este suelo llevando la bandera argentina a lo más alto. El Diego de la gente no nos dejó, ese no es su estilo. Nos va a acompañar siempre. En cada partido de fútbol, cuando la bandera argentina flamee más alto que nunca, el pelusa inmortal estará con nosotros.  

ABC prensa

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